...............Lo vi llorando y lloré con él. Mi súper héroe no era aquel hombrezote espaldón de dos metros con pecho de acero impenetrable, ¡no! mi súper héroe era un niñito pequeño e indefenso. Lo abracé bien fuerte hasta que sus sollozos cesaron.
Lo amé más, pero le aclaré que para la próxima saldría corriendo, no me gustó ver llorar a un hombre, no a un hombre como él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario